La industria en España características generales y distribución territorial

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EL PROCESO DE INDUSTRIALIZACIÓN:/


El despegue de la industria española se inició en el Siglo XIX, pero su consolidación no se produjo hasta mediados del Siglo XX. En este largo proceso se pueden diferenciar varias etapas.

/ Los orígenes de la revolución industrial (1855-1900):/

Pese a la existencia de condiciones favorables, el proceso industrializador se inició en España con retraso respecto a otros países de Europa occidental. La tardía incorporación de nuestro país a la revolución industrial se debíó, fundamentalmente, a la escasez de recursos energéticos, humanos y tecnológicos, y también a la inestabilidad sociopolítica.

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Hasta el último cuarto del Siglo XIX la producción industrial española no experimentó un crecimiento continuo, apoyado sobre todo, en el desarrollo de la siderurgia y la industria textil. La expansión de estas actividades se produjo en torno a unos focos muy localizados: Andalucía, País Vasco, Asturias y Cataluña, cuya localización estaba condicionada por la de las materias primas y la proximidad a los principales puertos. Tardíamente, en comparación con esos territorios, y debido a la expansión de la red ferroviaria y a la necesidad de abastecer a una población creciente, Madrid se convirtió en un núcleo industrial, especializado en bienes de consumo. En el resto del país, los intentos de crear industrias modernas tuvieron un carácter aislado.

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En el proceso industrializador tuvo un papel relevante el ferrocarril, que favorecíó la formación de un mercado nacional y, además, contribuyó de forma directa al desarrollo de la industria, en concreto de la siderurgia. El Estado también influyó en el desarrollo de la industria, al imponer medidas proteccionistas para favorecer la producción nacional; así, se potenció la creación de grandes monopolios, como, por ejemplo, Uníón de Explosivos, Altos Hornos, Papelera Española, etc.

/Un crecimiento industrial discontinuo (1900-1959):/

En el primer tercio de Siglo XX, el proceso de industrialización fue irregular, alternando etapas de crisis y prosperidad, pese a que las expectativas eran favorables debido a la adopción de medidas proteccionistas y a la aplicación industrial de la energía eléctrica.

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Durante este periodo se produjeron importantes cambios en la estructura de la industria española:

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Desde el punto de vista social, tuvo lugar un importante proceso de diversificación. Además de la siderurgia y de la textil, se desarrollaron otras industrias tales como la metalurgia, la cementera, la de material eléctrico, la química, etc. Por otra parte, la minería del carbón se desarrolló enormemente, debido al encarecimiento de la hulla extranjera.

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Desde la perspectiva territorial, se consolidaron las diferencias entre el litoral, más industrial, y el interior, eminentemente rural salvo Madrid. Cataluña ocupaba la primacía fabril, seguida de la cornisa cantábrica (Asturias y País Vasco) y el resto de la fachada mediterránea. Además, la industria se establecíó en zonas urbanas y, frecuentemente en las proximidades de las estaciones ferroviarias o de los puertos.

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La Guerra Civil supuso un giro radical en la política industrial española. Entre las medidas adoptadas destaca la creación, en 1941, del Instituto Nacional de Industria (INI). Su objetivo era potenciar el desarrollo de la industria, en especial de los sectores orientados a la defensa del país y de aquellos que permitieran mantener el modelo autárquico vigente entonces.

/De la expansión a la crisis (1959-1975):/

A lo largo de este período la estructura productiva española experimentó una transformación radical. España pasó de ser un país eminentemente agrario a tener una industria desarrollada, que empleaba al 37% de la población ocupada y aportaba un 40% del PIB.

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Desde el punto de vista sectorial, el desarrollo industrial de los años sesenta y mediados de los setenta, que alcanzó los índices de crecimiento más altos del Siglo XX, se basó en ramas que necesitaban mucha mano de obra y energía y que, generalmente, se orientaban hacia la exportación: la siderurgia, la industria del automóvil, la juguetera, la alimentaria, la química, etc. Desde el punto de vista espacial se agudizaron los desequilibrios territoriales debido a dos factores:

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El incremento del grado de concentración en los tradicionales focos catalán, vasco y madrileño, que dio lugar a la formación de áreas metropolitanas congestionadas. En el resto del país tuvo lugar un proceso de polarización en núcleos secundarios preexistentes (Valencia, Santander, Asturias, Sevilla…) y en ciudades declaradas Polos de Desarrollo (Zaragoza, Valladolid, Huelva, etc.)/-La aceleración del ritmo de urbanización y un éxodo rural de enormes dimensiones, debido al trasvase de población activa desde al agricultura a la industria. En esta época fue importante el papel del capital exterior, introducido en España por multinacionales de EE.UU, la entonces CEE y Suiza. Estos capitales se dirigieron principalmente, a Madrid, Cataluña y País Vasco./De la crisis a la reconversión industrial (1975-1985):/
La crisis de mediados de los años setenta, reflejo de la experimentada a nivel mundial por el alza de los precios del petróleo, junto a la tendencia fuertemente expansiva de los servicios, originó la pérdida de la preponderancia del sector industrial en el conjunto de la economía española. En tan sólo una década, la participación de la industria en el PIB se redujo al 35% y el empleo industrial disminuyó en casi un millón de personas, situándose en el 32% de la población ocupada. 
Por otra parte, la crisis también contribuyó a modificar profundamente la estructura sectorial de la industria. Así, tuvo lugar un significativo retroceso de los sectores de producción tradicionales: las industrias básicas (siderometalúrgica y construcción naval, entre otras) y algunas manufacturas tradicionales como la industria textil; mientras que otras, como la alimentaria, la del automóvil y la química, aumentaron su importancia. 
A principios de los años ochenta, se inició en nuestro país un proceso de reconversión industrial que afectó a los sectores industriales más tradicionales. Esta política de reconversión fue acompañada posteriormente por otra de reindustrialización. Así, por ejemplo, se establecieron determinadas figuras legales, entre las que merecen particular atención las Zonas de Urgente Reindustrialización (ZUR). Éstas surgieron con un objetivo muy concreto: promover las inversiones necesarias para reactivar el tejido industrial y generar puestos de trabajo alternativos en aquellas ciudades o comarcas más gravemente afectadas por las pérdidas de empleo o por una elevada representación de sectores tradicionales. En total fueron seis las áreas declaradas en 1985 como ZUR, que incluían más de ochenta municipios.

/La actual política industrial:/

La industria española ha tenido que hacer frente en los últimos años a importantes retos, fundamentalmente a la incorporación de nuestro país a la UE y, muy especialmente, a su integración en la zona euro. Las vías para hacer frente a esos desafíos han sido dos. Por un lado, la optimización del funcionamiento del sistema productivo, minimizando costes e incrementando la eficacia. Por otro, la mejora de los factores de competitividad distintos de los precios, tales como el diseño, la calidad, la innovación y los valores de elementos de seguridad y protección del medio ambiente.

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Desde esta perspectiva, la política industrial llevada a cabo en los años noventa se caracteriza por tres líneas prioritarias:

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La modernización del sector público empresarial. Por un lado, la disolución en 1997 de la Agencia Industrial del Estado (AIE), organismo encargado de las empresas del INI, pasando todas sus participaciones a depender de la Sociedad Estatal de Participaciones Industriales (SEPI). Por otro, la conclusión de las privatizaciones de algunas empresas públicas: Repsol, Aceralia, Endesa, etc. Este proceso de privatización ha contribuido a incrementar los ingresos del Estado español.

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La liberalización del sector energético . La Ley del Sector Eléctrico (1997) y la Ley de Hidrocarburos (1998) constituyen los principales hitos en este ámbito.

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Apoyo a la competitividad industrial. En este sentido, se han creado diversos organismos y entidades, cuyo objetivo fundamental es el apoyo a las estrategias empresariales innovadoras. Es el caso del Centro para el Desarrollo Tecnológico Industrial (CDTI), que promueve la innovación y el desarrollo tecnológico de las empresas españolas.

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A modo de conclusión, se puede señalar que, si bien inicialmente la política industrial se centró en la modernización del sector público empresarial, en la actualidad se orienta hacia la resolución del retraso tecnológico y la falta de innovación de la industria española. Esto redundará en la mejora de la competitividad de los productos españoles en el mercado.
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