Valle del ebro área industrial en expansión

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3. CarácterÍSTICAS GENERALES Y DISTRIBUCIÓN TERRITORIAL DE LA
INDUSTRIA ESPAÑOLA.
3.1. Carácterísticas generales de la industria española.

La industria española presenta diversos problemas estructurales que afectan negativamente a su
competitividad:
z El predominio de las PYMES, esto es, las Pequeñas y Medianas Empresas, o Empresas con
menos de 250 empleados en el país. Si bien éstas son las generadoras de la mayor parte del
empleo industrial de nuestro país, su tamaño les dificulta su internacionalización y su
modernización a través de la inversión de I+D+i.
z La dependencia energética del exterior.
Nuestra dependencia exterior en los combustibles
fósiles es total: importamos el 100% del petróleo y gas natural, siendo Argelia nuestro
principal proveedor de este último hidrocarburo. En el caso del carbón, aunque disponemos
de yacimientos, están muy agotados o son de muy baja calidad. En cuanto a la energía
nuclear, el coste de producción de energía nuclear es alto ya que necesitamos de uranio
enriquecido. De este modo, podemos concluir que España posee una alta dependencia de las
fuentes de energía tradicionales, que son las de mayor consumo pero, al mismo, altamente
contaminantes. Una alternativa a esta dependencia energética debe ser el fomento de las
fuentes de energía alternativas o renovables, en la que España es una potencia mundial (el
2006 las energías renovables cubrieron casi el 7% de las necesidades energéticas y el 20%
de la producción eléctrica), dando trabajo además, a unas 180.000 personas que viven en
áreas rurales económicamente deprimidas. La perspectiva es halagüeña a pesar de la crisis,
puesto que, en 2050, el 50% de la energía producida en la UE deberá obtenerse de fuentes
de energías renovables, no fósiles. Las empresas de energía eólica son las más numerosas,
seguida de las solares fotovoltaicas.
z La dependencia financiera del exterior. Las empresas españolas, mayoritariamente pequeñas
y medianas empresas, no encuentran financiación más que a través de los créditos. Muchos
de estos créditos, en los años de bonanza económica, han procedido de fuentes de
financiación exterior, con lo que las empresas se han endeudado, pero, cuando no pueden
pagar sus préstamos a los bancos, se ven abocadas al cierre. Esta dependencia del capital
extranjero se materializa con el volumen de inversión extranjera en España, cuyo volumen
de negocio ascendíó a casi 335.000 millones de € en 2009 (fuentes del INE) de los cuales
140.000 millones correspondieron a la industria. Pero, a su vez, la internacionalización de
las mayores empresas españolas también produjeron un volumen de negocio significativo,
que ascendíó a 160.000 millones de € en 2009, generando más de 700.000 empleos en el
exterior a través de 4.131 filiales de las empresas. La mayor parte del negocio de empresas
españolas se produce en la UE (50,97% del volumen de negocio), destacando, por este
orden, Reino Unido, Portugal e Italia, también destaca Latinoamérica y Estados Unidos, con
un 42% del volumen de negocio, resaltando, Argentina, Brasil, México y Estados Unidos. El
principal riesgo de las empresas transnacionales españolas es la inseguridad de sus negocios,
ya que, como ha puesto de manifiesto Argentina, las empresas españolas pueden perder las
cuantiosas inversiones que han creado, sin contar con el empleo que han producido.

La dependencia tecnológica del exterior. El nivel tecnológico de las empresas españolas es
bajo: 1,39% del PIB en inversión en I+D+i (Investigación+Desarrollo+Innovación). Por
debajo de la media de la UE (2% del PIB) y muy lejos de inversiones de países como
Dinamarca, Suecia o Finlandia con más del 3% del PIB. Ello se debe a que las empresas
españolas están muy mediatizadas por capital extranjero que, prefieren, comprar las patentes
a las sedes exteriores con lo que, no solo se debe al minifundismo industrial español y, con
ello, a la incapacidad para invertir en innovación, sino también por ser filiales de
multinacionales extranjeras que prefieren comprar la patente a su sede del exterior, antes que
fomentar la investigación en España. Esta situación de dependencia tecnológica se agravará
en un futuro inmediato con los recortes anunciados al sector de I+D+i, como medida
equivocada ante la crisis. Ante la crisis hay que ofrecer alternativas: fomentar la educación,
formar una mano de obra cualificada que nos dé una alternativa a la deslocalización, crear
centros de investigación que conecten el sector de la investigación con el sector privado, etc.

La baja productividad industrial de la empresa española. La productividad (el valor de lo
producido en relación con el coste de producción) es bajo en comparación con el resto de la
UE. Así, la productividad en la zona Euro era de 62,2 millones de euros por ocupado,
mientras en Francia era de 74,2 millones de euros y en España era de 40,6 millones de euros.
Sin embargo, los últimos datos confirman la tesis del reajuste: la reducción de salarios con la
crisis económica ha producido una bajada de los costes de producción y, un incremento de la
productividad media del trabajador que se situaba en torno a la media de la UE, y al nivel de
Italia, Reino Unido, Alemania o Islandia y, muy por encima de los países del Este europeo.
z Un último problema son los desequilibrios existentes en la distribución de la industria en
España. Los desequilibrios regionales han favorecido que unas regiones estén muy
industrializadas mientras que otras se han tenido que especializar en otros sectores (agrario,
construcción, turismo).
3.2. Distribución territorial de la industria española.
Podemos diferenciar en España cuatro tipos básicos de áreas industriales:
3.2.1. Áreas desarrolladas:
Se localizan en Madrid y Barcelona y comparten las siguientes carácterísticas:
z Son grandes áreas metropolitanas que se expanden por las principales arterias, formando
corredores industriales.
z Poseen gran diversificación industrial.

Tienen un alto grado de terciarización industrial (más empleos de cuello blanco que de
cuello azul.
z Alta concentración de proyectos de I+D+i.
z Existe un amplio mercado de consumo y trabajo.
z Se da una acumulación de economías de aglomeración, amplia red de servicios financieros y
sede de centros de decisión de las grandes empresas
Ambas zonas han sufrido un fuerte proceso de reconversión industrial, pero ambas áreas disponen
de suficientes atractivos para localizarse en ellos sectores dinámicos como sectores punta (nuevas
tecnologías). Ambas áreas disponen de parques tecnológicos y han salido con éxito de la política de
reindustrialización emprendida con los ZUR.
3.2.2. Ejes de expansión:
Son aquellas zonas que cuentan con una red de autopistas que las vertebran y conectan a las áreas
desarrolladas de Madrid y Barcelona, así como a otras áreas centrales de antigua industrialización
(País Vasco y Valencia), y generan un tejido industrial en todo su recorrido. Se localizan en el
cuadrante noreste de la Península. Se pueden distinguir dos ejes que, a su vez, están conectados: el
valle del Ebro y la fachada mediterránea.
3.2.2.1. Valle del Ebro.
La existencia de una excelente vía de comunicación que coincide con la depresión del Ebro y que
enlaza los focos industriales más importantes del país (Cataluña, País Vasco y Madrid), genera un
corredor industrial que se asemeja a una “y griega abierta” cuyo vértice central es Zaragoza.
Zaragoza concentra la mayor parte de la capacidad industrial de Aragón y es sede de la importante
multinacional automóvilística General Motors (fábrica de Figueruelas).
3.2.2.2. Eje mediterráneo.
Comprende el eje que va desde Girona a Cartagena (Cataluña, Comunidad Valenciana, Regíón de
Murcia e Islas Baleares). Se caracteriza por un predominio de desarrollo industrial endógeno: en la
Comunidad Valenciana el calzado, la madera y muebles, la cerámica, la alimentación (Jijona),
juguetes (Ibi), textil (Alcoy), automoción (Almussafes) y cuenta con un parque tecnológico. En las
Islas Baleares sobresalen la industria de calzado y bisutería, y en la regíón de Murcia la
agroalimentaria conservera y las químicas y petroquímicas en Cartagena.
3.2.3. Áreas en declive.
Son aquellas que se han visto afectadas duramente por la reconversión industrial, debido a su
excesiva especialización y dependencia de la siderurgia, astilleros, química, etc. Se concentran
sobre todo en el norte peninsular: Galicia, Asturias, Cantabria, País Vasco, y en algunos enclaves
aislados (bahía de Cádiz, Ponferrada, Riotinto, Almadén, Puertollano). Solo en el caso del País
Vasco, por su tradición industrial y por su situación estratégica (conectado al eje de expansión del
valle del Ebro) se ha experimentado una revitalización industrial a través de una mayor
diversificación e inversión en I+D+i.
3.2.4. Focos industriales dispersos.
Se trata de enclaves distribuidos por el resto del territorio nacional que fueron objeto en los años
sesenta de la planificación industrial promovida desde los Planes de Desarrollo.
-En Castilla y León destaca el eje formado por las capitales de Valladolid-Palencia-Burgos-Miranda
del Ebro que enlazan con el eje del valle del Ebro.
-En Castilla-La Mancha los focos se concentran en la periferia madrileña que han actuado como

polígonos de descongestión de la capital, en Guadalajara y Toledo.
-En Andalucía destacan Sevilla y Málaga, que actúan como ejes difusores de la industria a escala
regional, sobre las capitales de Córdoba, Cádiz y Huelva.

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