Las unidades morfoestructurales exteriores al Macizo Central Ibérico
Además de la Meseta y de los relieves que la rodean, en la Península existen unidades morfoestructurales exteriores, situadas principalmente en el noreste y en el sur. Las principales son la Cordillera Costero-Catalana, los Pirineos, las Cordilleras Béticas y las depresiones del Ebro y del Guadalquivir. La mayoría se relaciona con la orogenia alpina de la Era Terciaria, que plegó los sedimentos depositados en las fosas marinas durante el Mesozoico. Así se formaron grandes cordilleras de relieve elevado y complejo. Al mismo tiempo surgieron depresiones junto a ellas, que después se rellenaron de sedimentos.
La Cordillera Costero-Catalana
La Cordillera Costero-Catalana se extiende por el noreste peninsular y forma parte del límite oriental de la Meseta. Está separada de los Pirineos por una zona de fallas, asociada a fenómenos volcánicos en el Campo de Olot, en Gerona. Su composición cambia de norte a sur: en la mitad norte predominan materiales paleozoicos, procedentes de restos del antiguo macizo Catalano-Balear levantados durante la orogenia alpina; en la mitad sur abundan materiales calizos mesozoicos, plegados y elevados en ese mismo proceso.
La cordillera está formada por dos alineaciones paralelas a la costa. La más cercana al mar es la cadena litoral, de menor altitud, en la que destacan los Altos del Garraf. Más al interior se encuentra la cadena prelitoral, más elevada, con sierras como el Montseny y Montserrat. Entre ambas se extiende una depresión longitudinal o fosa tectónica, rellenada por sedimentos terciarios y cuaternarios. Su relieve es más suave, con colinas y valles.
Los Pirineos
Los Pirineos forman una gran cordillera de unos 440 kilómetros de longitud, entre el golfo de Vizcaya y el cabo de Creus. Constituyen el istmo que une la Península con el continente europeo y se prolongan hacia el oeste por los Montes Vascos y hacia el este por la Cordillera Costero-Catalana. En ellos se distinguen la zona axial y el Prepirineo.
La zona axial constituye el sector central y más elevado. En ella afloran rocas graníticas del antiguo macizo herciniano de Aquitania, rejuvenecido durante la orogenia alpina. Se encuentran aquí las cumbres más altas, muchas por encima de los 3.000 metros, como el Aneto y el Monte Perdido. La zona fue intensamente afectada por las glaciaciones cuaternarias, que dejaron cumbres escarpadas, valles glaciares, como el de Ordesa, y numerosos lagos.
Al sur de la zona axial se sitúa el Prepirineo, formado por el plegamiento de sedimentos calizos depositados en la fosa pirenaica durante el Mesozoico y comienzos del Terciario. Sus relieves son, en general, más bajos y suaves. Se organiza en dos alineaciones: las sierras interiores y las exteriores, separadas por la Depresión Media. Las sierras interiores, como Cadí y Cotiella, están formadas por calizas y son cortadas por ríos que han excavado valles estrechos de dirección norte-sur. La Depresión Media está formada por depresiones discontinuas, entre las que destacan la cuenca de Pamplona, la Canal de Berdún y la cuenca de Tremp. Más al sur se encuentran las sierras exteriores, como Guara y Montsec, de menor altitud y próximas a la depresión del Ebro.
Las Cordilleras Béticas
Las Cordilleras Béticas se extienden desde el golfo de Cádiz hasta el cabo de la Nao, en dirección suroeste-noreste, a lo largo de más de 600 kilómetros. Continúan bajo el Mediterráneo y se prolongan en el archipiélago balear. Se formaron por la compresión entre las placas africana y euroasiática durante la Era Terciaria. Desde la costa hacia el interior se distinguen la Cordillera Penibética, la depresión intrabética y la Cordillera Subbética.
La Cordillera Penibética bordea la costa y está formada por materiales paleozoicos, relacionados con el antiguo macizo herciniano Bético-Rifeño. En Sierra Nevada se alcanzan las mayores altitudes de la Península: el Mulhacén, con 3.478 metros, y el Veleta, con 3.392. Entre la Penibética y la Subbética se encuentra la depresión intrabética, formada por varias depresiones tectónicas, como las hoyas de Ronda, Antequera, Guadix y Baza. Sus sedimentos terciarios y el clima árido favorecen la formación de badlands, terrenos muy erosionados por la escasez de vegetación y las lluvias intensas ocasionales.
La Cordillera Subbética se localiza más al interior. Se formó cuando la compresión tectónica plegó los materiales secundarios depositados en la fosa bética. Sus alturas son menores que las de la Penibética y destacan sierras como Grazalema, Ubrique y Cazorla. Las Baleares constituyen una prolongación de las Cordilleras Béticas y predominan en ellas los materiales calizos plegados, como se observa en las sierras de Tramontana y Levante, en Mallorca. Menorca presenta una composición distinta, con materiales paleozoicos vinculados al antiguo macizo Catalano-Balear.
Las depresiones prealpinas
Las depresiones del Ebro y del Guadalquivir son fosas prealpinas formadas durante la Era Terciaria, paralelamente a las cordilleras alpinas. Ambas se rellenaron con espesos depósitos terciarios y cuaternarios, por lo que actualmente presentan amplias zonas de relieve llano.
La depresión del Ebro es paralela a los Pirineos y queda rodeada por estos, por el Sistema Ibérico y por la Cordillera Costero-Catalana. Ocupa el espacio donde se hundió el antiguo Macizo del Ebro mientras se elevaban las cordilleras que la rodean. Primero estuvo cubierta por el mar y, al quedar cerrada, se transformó en un gran lago. A finales del Terciario, el río Ebro abrió paso hacia el Mediterráneo a través de la Cordillera Costero-Catalana. Por eso, sus sedimentos son de origen marino y continental: los materiales más gruesos, como los conglomerados, se acumulan cerca de los bordes, mientras que en el centro predominan materiales más finos, como areniscas, margas, yesos, calizas y sales.
En los bordes de la depresión se encuentran los somontanos o piedemontes pirenaico e ibérico, superficies llanas y ligeramente inclinadas formadas por conglomerados transportados desde las montañas. La erosión ha creado en ellos mallos, torreones rocosos originados por la erosión de rocas fracturadas, como los Mallos de Riglos, y hoyas, depresiones excavadas sobre materiales más blandos. Algunas son pequeñas y pueden contener lagunas saladas temporales; otras son más extensas, como las de Huesca y Barbastro. En el centro, la alternancia de calizas duras y arcillas, margas y yesos blandos origina mesas o muelas y, debido a la aridez, badlands.
La depresión del Guadalquivir se extiende entre Sierra Morena, las Cordilleras Béticas y el océano Atlántico. Al principio estuvo abierta al mar; después, el levantamiento de las Béticas la convirtió en un lago litoral o albufera. La acumulación de sedimentos acabó transformando buena parte de la zona en marismas. Predominan los materiales arcillosos, que dan lugar a campiñas suavemente alomadas. Donde afloran capas calizas pueden aparecer mesas y cerros testigo.
El archipiélago canario
El archipiélago canario es una unidad de relieve exterior a la Península y se diferencia de las Baleares por su origen volcánico. Se formó durante la Era Terciaria, cuando las fracturas del fondo oceánico permitieron el ascenso de materiales volcánicos que se acumularon hasta formar las islas. Entre sus formas características destacan los conos volcánicos, creados por la acumulación de materiales alrededor de una abertura eruptiva; las calderas, grandes depresiones circulares o elípticas que pueden originarse por hundimientos o explosiones volcánicas; y los malpaíses, superficies irregulares formadas por coladas de lava solidificadas.
Estas formas muestran que el origen y la evolución del relieve canario son distintos de los de las cordilleras y depresiones peninsulares.
El territorio como centro de interacción de las sociedades: el desarrollo sostenible
Las sociedades transforman el territorio para obtener recursos y satisfacer sus necesidades. Sin embargo, si ese aprovechamiento es excesivo, puede provocar la degradación del medio y reducir los recursos disponibles para el futuro. Para responder a este problema surgió el concepto de desarrollo sostenible, que propone combinar el progreso económico y social con la protección del medio ambiente.
Origen del concepto
La idea apareció en la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Medio Humano, celebrada en Estocolmo en 1972, aunque se difundió especialmente a partir de 1987, con la publicación del informe Nuestro futuro común, conocido como Informe Brundtland. Este documento definió el desarrollo sostenible como aquel que satisface las necesidades del presente sin comprometer la capacidad de las generaciones futuras para satisfacer las suyas. Por tanto, no se trata solo de conservar la naturaleza, sino también de garantizar unas condiciones de vida dignas y un uso justo de los recursos.
Principios y exigencias
En 1992, la Cumbre de la Tierra, celebrada en Río de Janeiro, reforzó esta idea al señalar la relación entre los problemas ambientales, sociales y económicos. Para que el desarrollo sea sostenible, las decisiones sobre inversiones, tecnología y uso de los recursos deben tener en cuenta tanto las necesidades actuales como sus consecuencias futuras. Esto exige que el desarrollo sea económicamente viable, tecnológicamente adecuado y socialmente aceptable. También requiere reducir la pobreza y la desigualdad, asegurar el acceso a las necesidades básicas y evitar daños irreversibles en los ecosistemas.
Dificultades para aplicarlo
A pesar de los acuerdos internacionales, llevar estos principios a la práctica ha resultado difícil. El texto señala como ejemplo las limitaciones del Protocolo de Kioto, destinado a reducir las emisiones de gases de efecto invernadero. La falta de compromisos suficientes y el incumplimiento de algunos objetivos muestran la distancia que puede existir entre las declaraciones y las medidas efectivas. Además, los cambios políticos y las diferencias de intereses entre países dificultan la cooperación necesaria para afrontar problemas globales como el cambio climático.
Conclusión
En conclusión, el desarrollo sostenible busca que la sociedad aproveche los recursos sin agotar las posibilidades de las generaciones futuras. Para lograrlo no bastan las conferencias ni los tratados: hacen falta políticas eficaces, cooperación internacional y cambios en la producción y el consumo. El reto consiste en mejorar el bienestar de la población sin deteriorar los sistemas naturales de los que depende.
