Transformaciones Demográficas y Distribución Espacial de la Población Española

1. Evolución y Distribución de la Población Española

La población española ha experimentado un constante crecimiento a lo largo de los últimos siglos. Este comportamiento es similar al de otros países europeos: **descenso rápido de la mortalidad y de la natalidad**, y un evidente **envejecimiento demográfico**.

1.1. Evolución de la Población Española

Diferenciamos tres etapas en la evolución de la población española que dan lugar a tres regímenes demográficos.

1.1.1. Régimen Demográfico Antiguo

Se ha mantenido en España hasta principios del siglo XX. Se caracterizó por:

  • Altas tasas de natalidad, debido a dos causas: el predominio de una economía y una sociedad agraria, en los que los hijos ayudaban en las labores del campo y aseguraban el porvenir de los padres, y la falta de control sobre la natalidad.
  • Altas tasas de mortalidad, también infantil. La dieta era escasa por la baja productividad; las enfermedades infecciosas (tuberculosis, gripe) tenían una alta incidencia, a lo que se sumaba el retraso en los avances médicos y la falta de higiene privada y pública. Además, eran frecuentes los momentos de mortalidad catastrófica causadas por epidemias, guerras y malas cosechas.
  • La esperanza de vida (no más de 40 años) y el crecimiento real de población eran bajos.

1.1.2. Régimen de Transición (1900-1975)

La transición demográfica se caracterizó por:

  • La natalidad descendió de forma suave, alternando diferentes periodos. Entre 1900 y 1956, la natalidad descendió de forma discontinua atendiendo a las consecuencias de acontecimientos como la crisis de 1929, la Guerra Civil Española (1936 – 1939) y la crisis de posguerra (1940 – 1955). En la década de los sesenta tuvo lugar una recuperación de la natalidad debido al “baby boom”, un crecimiento de la natalidad y de las familias que acompañó al desarrollismo económico de esta etapa. La crisis económica de 1973 y sus consecuencias, y la consolidación del modo de vida urbano e industrial motivaron de nuevo el descenso de la natalidad.
  • La mortalidad general descendió de forma acusada excepto en dos momentos de mortalidad catastrófica: la gripe de 1918 y la Guerra Civil (1931 – 1936). Las causas principales fueron los avances médicos y la extensión de la sanidad pública junto a la higiene privada y pública. La mortalidad infantil descendió por las mejoras en pediatría y en la alimentación infantil.
  • Como consecuencia, el crecimiento natural de la transición fue alto, especialmente entre 1950 y 1970 cuando la mortalidad descendió fuertemente, mientras la natalidad pasaba por dos máximos separados por la Guerra Civil. A partir de este momento el crecimiento se estabilizó, al estabilizarse la mortalidad en cifras bajas y restablecerse el descenso de la natalidad.

1.1.3. Régimen Demográfico Actual

Se extiende desde 1975 hasta nuestros días. Se caracteriza por bajas tasas de natalidad y de mortalidad, y por un escaso crecimiento natural.

  • La natalidad descendió a partir de 1975 hasta situarse en cifras bajas. Entre las causas destacan la crisis económica de 1973, los cambios en la mentalidad, la incorporación de la mujer al trabajo fuera del hogar y los gastos en el cuidado de los hijos, que compiten con el deseo de los padres de disponer de más ingresos para el consumo y de más tiempo libre para el ocio. Hasta 2008 la natalidad se recuperó ligeramente, debido a la coyuntura económica y a la inmigración extranjera (con una tasa de fecundidad superior a 2,3 hijos por mujer), pero la crisis económica ha provocado un descenso de la natalidad.
  • La mortalidad se mantiene en cifras bajas, aunque ha repuntado ligeramente por el envejecimiento de la población. Las causas más comunes de mortalidad en la actualidad son las llamadas tres “C”: enfermedades cardiovasculares, cáncer, accidentes de carretera, y las enfermedades ligadas al envejecimiento (alzhéimer, demencia senil) así como las enfermedades sociales (alcoholismo, tabaquismo, drogadicción).
  • La esperanza de vida ha aumentado hasta los 83,58 años de media nacional.
  • El crecimiento natural en la actualidad es reducido e incluso negativo, con bajas tasas de natalidad (8.41‰) y de mortalidad (9,1‰). El envejecimiento demográfico de la población y el retorno a sus países de origen de los inmigrantes están motivando un crecimiento real próximo a 0% o negativo en muchas comunidades (Extremadura, ambas Castillas, Aragón, Cantabria, Asturias y Galicia).

1.2. Distribución de la Población Española

La población española se situó en 47.329.981 habitantes a 1 de enero de 2020, según las Cifras de Población del INE. Su distribución espacial se analiza mediante la densidad de población, que relaciona la población y la superficie. En España ha aumentado hasta alcanzar los 92,4 hab/km². La cifra esconde acusados contrastes:

  • Las áreas de alta densidad se sitúan en Madrid, la periferia peninsular, Baleares, Canarias, Ceuta y Melilla.
  • Las áreas de baja densidad se localizan en el interior peninsular.

Además, en todas las áreas son mayores las densidades urbanas que las rurales; y las de la franja costera que las del interior, correspondiendo los valores más bajos a las áreas de montaña.

La distribución actual de la población es el resultado de una evolución en la que han intervenido diversos factores:

a. Época Preindustrial (hasta mediados del siglo XIX)

La economía era básicamente agraria. Las mayores densidades se situaban en zonas llanas, con clima templado. Estas zonas eran la costa levantina y los valles fluviales del interior peninsular.

b. Época Industrial (desde mediados del siglo XIX hasta 1975)

Se agudizaron los contrastes. Madrid y las regiones periféricas aumentaron su peso demográfico. En unos casos por su elevado crecimiento natural (Galicia, Andalucía, Murcia), y en otros casos por la instalación de actividades industriales (Asturias, Cantabria, País Vasco, Cataluña…). Posteriormente el turismo en el litoral mediterráneo e insular, ayudó a reforzar estos desequilibrios.

c. Actualidad

La crisis de 1975 frenó las migraciones interiores a las áreas industriales e incluso provocó el retorno de jubilados a las zonas rurales. Posteriormente, las políticas de desarrollo endógeno y la tercerización de nuestra economía han propiciado que las mayores concentraciones de población se localicen en: Madrid, litoral Mediterráneo, valle del Ebro y ambos archipiélagos (balear y canario), por la concentración de las actividades económicas más productivas (industria, turismo, servicios) en unas pocas áreas y la reconversión del sector agrario (Almería, Murcia).

No podemos dejar de mencionar los factores geográficos, especialmente clima y altitud, que no facilitan ni el desarrollo de actividades económicas ni la habitabilidad.

2. La Dinámica Natural de la Población

La dinámica o movimiento natural de población es la variación de la población como consecuencia de los nacimientos y de las defunciones. Esta diferencia origina el crecimiento natural o vegetativo y su estudio se realiza por diversas fórmulas o tasas. En España, el crecimiento natural ha sido negativo en los últimos cuatro años (Datos del INE de 2019).

2.1. Natalidad y Fecundidad

Natalidad y fecundidad son conceptos que se utilizan para referirse a la capacidad procreadora de una población; sin embargo, no significan lo mismo.

  • La tasa de natalidad (TN) relaciona el número de nacimientos en un año con la población total, y se expresa en tantos por mil. En España, la tasa de natalidad es de 7,60 ‰ (2019), una de las cifras más bajas dentro de la UE.
  • La tasa de fecundidad (TF) relaciona el número de nacimientos de un año con el número de mujeres en edad de tener hijos, y se expresa en tantos por mil. Por su parte, el índice sintético de fecundidad indica la media de hijos por mujer. Para que una generación se reemplace a sí misma se necesita una media de 2,1 hijos por mujer. Actualmente se sitúa en 1,23.

Según las proyecciones de población del INE entre 2020 y 2070, el número de nacimientos seguiría reduciéndose hasta 2027, continuando con la tendencia iniciada en 2009. No obstante, a partir de 2028 los nacimientos podrían comenzar a aumentar debido a la llegada a las edades de mayor fecundidad de generaciones cada vez más numerosas (las nacidas a partir de la segunda mitad de los años 90). Pese a ello, los nacimientos siempre estarían por debajo de las defunciones.

2.2. Mortalidad y Esperanza de Vida

La mortalidad es el fenómeno relacionado con el fallecimiento de los miembros de una población. Asociado al concepto de mortalidad encontramos el de esperanza de vida, media de la cantidad de años que vive una población en un cierto periodo de tiempo.

  • En España la esperanza de vida se sitúa en los 83,58 años, 80,9 para los hombres y 86.2 para las mujeres (datos del INE de 2019), por encima de la media de la UE. Aunque aún no es posible valorar el impacto de la COVID-19 en la población, el INE sí apunta que se refleja en una disminución coyuntural de la esperanza de vida al nacimiento en 2020, que se estima que bajaría en 0,9 años para los hombres y en 0,8 años para las mujeres, y que se recuperaría en 2021.
  • La tasa de mortalidad (TM) relaciona el número de defunciones en un año con la población total y se expresa en tantos por mil, que se sitúa en nuestro país en 8,8 ‰.
  • Dentro de la dinámica natural de la población, también se ha de tener en cuenta la mortalidad infantil. La tasa mortalidad infantil (TMI) relaciona el número de niños fallecidos antes de cumplir un año con el total de nacidos vivos ese año. Se expresa en tantos por mil y que en España es de 2,89‰.

2.3. Crecimiento Natural o Vegetativo

El crecimiento natural o crecimiento vegetativo de la población es el mecanismo que regula los cambios en el volumen de una población a partir del comportamiento que experimentan la natalidad y la mortalidad. La tasa de crecimiento natural (CN) es la diferencia entre el número de nacimientos y el número de defunciones en un año. Se puede expresar en números absolutos o también en números relativos (%) si además se tiene en cuenta la población total.

Actualmente, el crecimiento natural o vegetativo en España es negativo. En 2019, la diferencia entre nacimientos y defunciones presentó un saldo negativo de 57.146 personas, según datos publicados por el Instituto Nacional de Estadística (INE). Según las proyecciones de población del INE entre 2020 y 2070, en España habría siempre más defunciones que nacimientos (crecimiento o saldo vegetativo negativo) durante los 15 próximos años. Este saldo vegetativo alcanzaría el valor más bajo en torno a 2060, y se iría recuperando levemente a partir de entonces.

3. Los Movimientos Migratorios

Las migraciones son los desplazamientos de la población en el espacio, generalmente por causas económicas o sociales. Podemos distinguir entre:

  • Emigración, o salida de población desde su lugar de origen.
  • Inmigración, o llegada de población a su lugar de destino.

El saldo migratorio (SM) es la diferencia entre la inmigración (I) y la emigración (E). También podemos expresarlo en (%) teniendo en cuenta la población total. En 2019 fue de 451.391.

3.1. Las Migraciones Interiores

El desplazamiento de personas entre las distintas provincias y regiones de España, desde las áreas rurales a las urbanas, es uno de los fenómenos geodemográficos de mayor importancia de los últimos tiempos.

Existen varios tipos de migraciones interiores:

  • Estacionales o temporales de duración limitada y carácter cíclico, por ejemplo, las realizadas por agricultores para la vendimia.
  • Definitivas o de larga duración entre las que encontramos el éxodo rural o el traslado de ciudades a zonas rurales cercanas.
  • Movimientos habituales periódicos, por ejemplo, por trabajo (movimientos pendulares).

Tradicionalmente han sido frecuentes desde finales del siglo XIX hasta 1975. Entre las causas: el exceso de brazos en el campo, el inicio de la mecanización de las labores agrícolas, industrialización de muchas zonas de España. Entre 1936 y 1950 el éxodo rural se estancó debido a la guerra civil y la posguerra. Entre los años 1960 y 1975 el éxodo rural alcanzó su mayor volumen a causa del crecimiento demográfico, la crisis de la agricultura tradicional por la mecanización, el auge industrial por los planes de desarrollo y el boom del turismo que impulsó los servicios y la construcción.

Desde 1975 el éxodo rural decayó. Con la crisis, las zonas industriales decayeron en su actividad y el saldo migratorio se redujo (País Vasco, Barcelona, Madrid).

En los últimos años, las migraciones interiores han variado en intensidad y comportamiento geográfico. Estas son las novedades más sobresalientes:

  • La progresiva ampliación de las provincias con saldos migratorios positivos y la pérdida de la polarización en los lugares de destino que presentaba anteriormente el fenómeno migratorio.
  • El regreso de antiguos emigrantes (“emigrantes retornados”).
  • El éxodo rural es sustituido por desplazamientos de población entre los diferentes centros urbanos.
  • Vería también el tipo de emigrante: el actual pertenece de forma mayoritaria al sector servicios.

3.2. Migraciones Exteriores

Son movimientos de población fuera de las fronteras del propio país.

a. Las migraciones exteriores tradicionales

La emigración a Ultramar se inicia a mediados del siglo XIX. Podemos diferenciar varias etapas. Una primera que finaliza con el estallido de la 1ª Guerra Mundial de auge. Los países de destino fueron Argentina, Cuba, Brasil, México y Uruguay y, en menor medida, Estados Unidos y Canadá, países necesitados de mano de obra para explotar sus recursos agrarios (café, caña de azúcar…). Estuvo protagonizada por campesinos gallegos, asturianos y canarios de escasos recursos. Tras el estallido del citado conflicto bélico se paraliza éste flujo migratorio por problemas de seguridad y porque los países no necesitan ya tanta población trabajadora.

A partir de 1950 se inicia otro periodo de auge hacia Venezuela, país que está viviendo un “boom” económico por el petróleo. Aunque el origen del emigrante sigue siendo asturiano, gallego y canario.

La emigración a Latinoamérica finaliza en los años 60 con un cambio de destino más próximo como es Europa. La emigración a Europa fue escasa hasta mediados del siglo XX. Hasta esta fecha el destino prioritario era Francia con tareas domésticas, agrarias o de la construcción. El perfil solía ser hombre o mujer que procede del mediterráneo especialmente. Es a partir de 1950-1960 cuando se vive un flujo migratorio muy importante.

La finalización de la Segunda Guerra Mundial y el período de reconstrucción que se inicia en los países europeos, marcará una nueva fase en la emigración de españoles a Europa. La necesidad de mano de obra en países como Francia, Alemania o Suiza fueron los factores que impulsaron las nuevas oleadas de emigrantes hacia Europa. En esta emigración las comunidades que más efectivos aportan son Andalucía y Galicia, siendo el perfil del emigrante un varón con escasa cualificación. Esta migración finalizó prácticamente a mediados de los años 70 con el estallido de la crisis del petróleo.

Las consecuencias de las migraciones tradicionales pueden resumirse en:

  • Las migraciones aliviaron el fuerte crecimiento natural y el paro.
  • Las divisas enviadas por los emigrantes financiaron el desarrollo económico español y redujeron el déficit comercial.

Desde 2008 la crisis económica ha incrementado la emigración exterior, motivada sobre todo por el desempleo en España. Los emigrantes proceden de núcleos urbanos y se dirigen a Reino Unido, Francia o Alemania. Su perfil es el de jóvenes con buen nivel de cualificación en profesiones con fuerte demanda externa (sanidad e ingeniería) o afectados por los recortes presupuestarios (científicos e investigadores).

b. La Inmigración Extranjera en la Actualidad

Desde 1995 España se ha convertido en un país de inmigración. Así el número de inmigrantes en España ha pasado de algo menos de 500.000 personas en 1995 a 4,5 millones en enero de 2018, según cifras del INE.

La necesidad de mano de obra propiciada por la prosperidad económica, sobre todo de baja cualificación, y las facilidades políticas para conseguir la regularización y el permiso de residencia, determinaron el aumento del número de inmigrantes hasta 2008. La mayor parte de estos procedían de Latinoamérica, norte de África, y centro y este de Europa.

Desde 2008 la crisis económica ha provocado la disminución de la entrada de extranjeros y ha ocasionado retorno de inmigrantes a sus países de origen.

Los inmigrantes europeos proceden en su mayoría de la Unión Europea. Son jubilados con un nivel de vida medio-alto, sobre todo británicos y alemanes, que buscan las buenas condiciones climáticas del litoral mediterráneo y de ambos archipiélagos. También hay adultos que buscan un mejor trabajo, como los rumanos, los búlgaros, los polacos…

Los inmigrantes extracomunitarios proceden de África (Marruecos), Latinoamérica (Ecuador, Perú); y Asia (China y Pakistán). Son jóvenes que acuden a España por motivos económicos (carencia de trabajo y recursos en sus países de origen). Realizan trabajos de escasa cualificación en los servicios, la construcción, la agricultura, la minería y la pesca. El destino principal de los inmigrantes son las comunidades con mayor desarrollo económico: Cataluña, Madrid, Comunidad Valenciana, Andalucía, Murcia y Baleares.

Según datos provisionales, España alcanzó un nivel de 748.759 inmigraciones en 2019, mientras que 297.368 personas abandonaron nuestro país para residir en el extranjero. El saldo migratorio, de más de 450.000 personas, consolidaría así la tendencia positiva iniciada en 2016. No obstante, por efecto de la COVID-19 y con la información disponible, se estima que el saldo migratorio haya disminuido sensiblemente en 2020, hasta las 110.000 personas. Se proyecta un saldo migratorio similar en 2021. La tendencia a largo plazo sería de un crecimiento del saldo migratorio constante, lo que produciría un aumento neto de la población de 12,2 millones de personas hasta 2069.

4. Estructura y Composición de la Población

El análisis de la estructura de la población se fundamenta en el estudio del sexo, edad y actividad económica.

4.1. Estructura por Sexo y Edad

La estructura por sexo es la relación entre el número de hombres y mujeres que componen una población.

  • En España, esta relación – sex ratio –, en el año 2017 era de 96 hombres por cada 100 mujeres; pero la relación varía según los grupos de edad: nacen más niños que niñas (105 niños por cada 100 niñas), en la edad adulta la diferencia entre sexos se acorta y en edades ancianas predominan las mujeres gracias a su mayor esperanza de vida.

La estructura por edad es la composición de la población por grupos de edad: jóvenes (0-14 años); adultos (15-64 años) y ancianos (+65 años).

Una población se considera joven cuando el porcentaje de jóvenes supera el 35% con respecto a la población total; y envejecida si el porcentaje de ancianos supera el 12%. En España, la estructura por edad se encuentra envejecida, pues el porcentaje de jóvenes en enero de 2020 era del 14,53 % y el de ancianos del 19,58 %.

Las causas del envejecimiento son diversas: fuerte descenso de la natalidad desde 1975, el aumento de la esperanza de vida y la emigración de épocas pasadas, que no se ha visto compensada por la inmigración más reciente.

Podemos encontrar diferencias entre comunidades. Comunidades con mayor porcentaje de jóvenes son las que poseen una tasa de natalidad superior a la media (Andalucía, Murcia), o las que reciben mayor número de inmigrantes extranjeros (Madrid, litoral mediterráneo); comunidades más envejecidas son las que tienen tasas de natalidad muy bajas y han recibido menor número de inmigrantes (País Vasco, Cantabria, Asturias, Galicia, ambas Castillas, Aragón, Extremadura).

Las consecuencias del envejecimiento son múltiples:

  • Reduce la natalidad y aumenta la mortalidad.
  • Reduce la población activa.
  • Incrementa el gasto en pensiones, dado que se financian con las aportaciones de la población activa ocupada.
  • Aumenta el gasto sanitario (farmacia y hospitales).
  • Aumenta la dependencia de los ancianos y con ello las cargas familiares y la demanda de residencias.

Entre las soluciones a estos problemas, se ha planteado el recurso de la inmigración extranjera, que es población joven con mayores tasas de natalidad y cotizaciones para las pensiones, el retraso en la edad de jubilación o la racionalización del gasto sanitario.

4.2. La Estructura Económica

La estructura económica de la población estudia la población que contribuye con su actividad al proceso productivo (población activa) y los sectores en que se desarrolla esa actividad.

La población activa es el conjunto de personas de 16 años y más que suministran mano de obra para la producción de bienes y servicios o que están disponibles y hacen gestiones para incorporarse a esa producción. Por lo tanto, comprende la población que tiene trabajo remunerado (activos ocupados) y la que busca empleo (activos desocupados), bien porque habiéndolo tenido está en paro, o bien porque está buscando su primer empleo.

La población inactiva es la que no realiza ningún tipo de trabajo remunerado ni se encuentra disponible (pensionistas, estudiantes…).

Hay un mayor porcentaje de población dedicada al comercio y los servicios, menos a la industria y poco a la agricultura. La característica más sobresaliente ha sido la progresiva tercerización de la población activa, importancia de nuevas actividades (informática, telecomunicaciones, …) aumento de actividades relacionadas con servicios personales y con empresas…

En lo que respecta a la población desempleada, actualmente es muy numerosa en España. En el tercer trimestre de 2020, la tasa de paro ha sido del 16,26 %, según datos de la EPA. La pandemia de la covid-19 está teniendo graves consecuencias en la economía en España en términos de producción y empleo. Según datos del INE, la difícil situación económica ha supuesto una pérdida de empleo del 18,5% en el segundo trimestre de 2020 (comparado con el segundo trimestre de 2019) y del 5,7% en el tercer trimestre de 2020 (en comparación al tercer trimestre de 2019). Esta caída no se ha comportado de igual forma entre hombres y mujeres, según se desprende de los datos por género, siendo el desempleo mayoritario en los jóvenes, especialmente sin cualificación, y en mujeres.

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