Transformación económica de España (1960-1973): del Plan de Estabilización al despegue

Transformación económica de España (1960-1973)

1. Introducción: del Plan de Estabilización al crecimiento acelerado

La denominada “Edad de Oro” de la economía española se sitúa entre 1960 y 1973 y constituye la fase de crecimiento más intensa y transformadora de la historia económica contemporánea de España. Este periodo arranca directamente del Plan de Estabilización de 1959, que rompió con el modelo autárquico anterior y sentó las bases de una economía progresivamente integrada en el capitalismo occidental y en Europa. El crecimiento fue extraordinario: el PIB creció a tasas superiores al 7–8 % anual, el PIB per cápita aumentó en torno al 6–7 % anual y España pasó de ser una economía atrasada a convertirse en la octava potencia económica mundial por PNB nominal.

2. El Plan de Estabilización de 1959 y sus efectos iniciales

El Plan de Estabilización perseguía liberalizar parcialmente el comercio y la inversión, estabilizar la moneda, equilibrar la balanza de pagos, limitar el crédito, reformar el sistema fiscal y abrir la economía española a las empresas extranjeras. Su objetivo era europeizar la economía española y hacerla compatible con el funcionamiento del capitalismo internacional. Los resultados iniciales fueron contradictorios. Por un lado, se redujo la inflación, aumentaron las reservas de divisas y creció la inversión extranjera. Por otro, la política restrictiva provocó una recesión inicial que impulsó la emigración al exterior. Paralelamente, el régimen utilizó instrumentos de propaganda, como el cine, para proyectar una imagen de modernización social y prosperidad económica.

3. Liberalización comercial y protección del mercado interior

La liberalización comercial fue gradual, selectiva y muy limitada. Se suprimieron las preferencias bilaterales, aunque buena parte del comercio siguió intervenido. La apertura consistió principalmente en trasladar progresivamente productos del régimen de comercio intervenido al régimen liberalizado. El régimen liberalizado pasó del 7 % de las importaciones antes del Plan al 33 % en 1959 y a cerca del 80 % en 1973. Los productos incluidos podían importarse libremente previo pago del arancel.

Sin embargo, esta apertura coexistió con una protección arancelaria muy elevada: los nuevos aranceles alcanzaban una media del 25 %, con una dispersión elevada y niveles superiores a los de países como Francia. La protección fue especialmente intensa en bienes de consumo duradero y bienes intermedios elaborados, permitiendo a la industria española producir a precios muy superiores a los internacionales. En cambio, fue menor en maquinaria, bienes de equipo y bienes intermedios poco sofisticados, esenciales para la modernización productiva.

En 1970 se firmó el Acuerdo Comercial Preferencial con la CEE. La Comunidad eliminó totalmente las restricciones cuantitativas y redujo los aranceles industriales españoles en torno a un 60 %, mientras que España aplicó una reducción parcial cercana al 25 %. El acuerdo fue muy beneficioso para España: las exportaciones industriales crecieron más rápido que las importaciones y permitió importar bienes vinculados a la modernización productiva a precios más bajos.

4. Apertura financiera e inversión extranjera

La apertura financiera constituyó un elemento central del modelo de crecimiento. El objetivo principal era atraer divisas para financiar los persistentes déficits por cuenta corriente y, al mismo tiempo, reducir el atraso tecnológico y organizativo de la empresa española. Tras décadas de fuertes restricciones, se liberalizaron progresivamente distintas partidas de la cuenta financiera: inversiones extranjeras directas, inversiones en cartera e inversiones inmobiliarias.

Se permitió la repatriación de capitales y de las rentas generadas, aunque se mantuvieron restricciones en sectores considerados estratégicos, como la defensa, el refinado del petróleo, los medios de comunicación o, de facto, la banca y el sector eléctrico. La inversión española en el exterior continuó prohibida hasta 1979. Esta liberalización favoreció una rápida industrialización, especialmente en sectores como la automoción y la química, y convirtió a España en una de las principales potencias industriales del mundo. Sin embargo, la inversión extranjera actuó en gran medida al margen de la planificación estatal y reforzó la dependencia tecnológica del exterior.

5. La planificación indicativa y los polos de desarrollo

Pese a la liberalización, el franquismo intentó mantener cierto control mediante la planificación indicativa, inspirada en el modelo francés. Se organizaron comisiones verticales sectoriales y comisiones horizontales de coordinación nacional. Los planes eran obligatorios para las empresas públicas e indicativos para las privadas, que recibían incentivos como créditos bonificados y ventajas fiscales.

Para corregir los desequilibrios territoriales se crearon los polos de desarrollo (Valladolid, Zaragoza, Vigo, Huelva, Sevilla, entre otros). Sus resultados fueron limitados, ya que las empresas privadas se concentraron en Madrid, Cataluña y el País Vasco, reforzando las desigualdades regionales. En 1962 se nacionalizó el Banco de España y se reformó el sistema bancario. Los bancos de depósito no podían recibir inversión extranjera, mientras que los bancos industriales sí podían asociarse con capital exterior. La reforma pretendía facilitar el crédito a la industrialización, pero las limitaciones financieras y tecnológicas redujeron su eficacia.

6. Crecimiento económico y sector exterior

Entre 1960 y 1974 el PIB se triplicó, la renta por habitante se multiplicó por 2,5 y la industria creció a tasas cercanas al 11 % anual. España se convirtió en una de las economías de mayor crecimiento del mundo, solo por detrás de Japón. Este crecimiento fue intensivo en importaciones de energía, materias primas, bienes intermedios y maquinaria.

Las exportaciones crecieron a tasas muy elevadas (en torno al 18 % anual), pero las importaciones lo hicieron aún más rápido (cerca del 20 %), provocando déficits comerciales persistentes y una caída del grado de cobertura del 73 % al 55 %.

7. Turismo, remesas e inversión extranjera como pilares del crecimiento

La continuidad del modelo se sostuvo gracias a tres grandes fuentes de financiación exterior:

  • Turismo de masas: experimentó un crecimiento espectacular: de 6 millones de visitantes en 1960 a 34 millones en 1973, con un aumento de los ingresos del 2.400 %, llegando a cubrir alrededor del 77 % del déficit comercial.
  • Remesas de emigrantes: procedentes principalmente de Francia, Alemania y Suiza, cubrieron aproximadamente una cuarta parte del déficit comercial. Entre 1950 y 1973 emigraron alrededor de 1,5 millones de personas, lo que redujo el desempleo interno y dinamizó el consumo.
  • Inversión extranjera: completó este esquema financiero y permitió acelerar la industrialización.

8. Transformación social y cambio estructural

El crecimiento económico provocó una profunda transformación social. La mecanización agrícola redujo la demanda de trabajo en el campo, generando un intenso éxodo rural hacia las ciudades industriales y una emigración masiva al exterior. El empleo agrario cayó del 42 % al 25 %, mientras industria y servicios ganaron peso. Se consolidó una sociedad urbana e industrial, con pleno empleo, aumento de los salarios reales y expansión de la clase media. Los patrones de consumo cambiaron: disminuyó el peso del gasto en alimentación y aumentó el consumo de bienes duraderos como automóviles, electrodomésticos y productos de ocio.

9. Límites, contradicciones y legado

Pese a sus éxitos, el modelo presentaba importantes limitaciones: dependencia energética del petróleo, déficits exteriores estructurales, retraso tecnológico, desigualdades regionales y ausencia de libertades políticas. Estas debilidades hicieron a la economía española especialmente vulnerable a la crisis internacional de 1973.

Conclusión

El periodo 1960–1973 supuso una modernización económica profunda que transformó la estructura productiva y social de España. No obstante, las bases del crecimiento mostraron tensiones y fragilidades que condicionaron la evolución posterior: la rápida integración en los mercados internacionales y la dependencia de fuentes externas de financiación y tecnología marcaron tanto los logros como los límites del modelo.

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