Suelos zonales y azonales

6.4. Los tipos de suelo en España
a) Los suelos zonales
Son aquellos en cuya formación el clima ha jugado un papel determinante. Se pueden clasificar
en dos grandes grupos: los suelos de clima oceánico y los suelos de clima mediterráneo:
 Los suelos de clima oceánico: Son bastante evolucionados, ricos en materia orgánica y ácidos,
ya que las lluvias constantes arrastran las bases de la superficie hacia los estratos inferiores
(lixiviación). La acidez se refuerza cuando la roca es silícea y la vegetación natural se sustituye
por especies como el pino o el eucalipto. Todos los suelos ácidos requieren abonado para su
aprovechamiento agrícola.
En función del roquedo sobre el que se constituya el suelo podemos distinguir suelos silíceos,
en los que la acidez es mayor y suelos calcáreos, en los que la acidez es menor.
Los suelos desarrollados sobre roquedo silíceo en este dominio climático son:
– La tierra parda húmeda: Es el más abundante y carácterístico de esta zona;
Con topografía
favorable es una excelente tierra de cultivo si se contrarresta la acidez con cal. Cuando la
pendiente aumenta puede dedicarse a pastizales.
Tienen un horizonte
A bastante potente y rico en materia orgánica, debido a que hay
bastante macroflora (raíces y restos de hojas, tallos y frutos), con humus de color
pardusco. El horizonte B presenta un vivo color rojo debido a la abundancia de óxido
férrico. El horizonte C muestra una roca madre silícea.
Se da en Galicia, León y la parte occidental de Asturias, y en algunas zonas del Sistema
Central.
– Los rankers: son muy abundantes, sobre todo en las zonas altas y de fuerte pendiente,
donde se da una fuerte erosión que remueve el suelo a medida que se va formando. Es un
suelo joven que está en proceso de maduración. Se localiza en Galicia, León y la parte
occidental de Asturias.
Su horizonte A presenta una delgada capa de material orgánico mezclada con materiales
minerales sin alterar procedentes de la roca madre; descansa directamente sobre la roca
madre, por lo tanto no tiene horizonte B.
Sobre roquedo calizo, los tipos de suelo que se desarrollan son:
– La tierra parda caliza:
Es la misma tierra parda pero sobre roca madre caliza. Su
estructura es parecida a la anterior, pero es ligeramente alcalino y muy bueno para el
cultivo. Se localiza en País Vasco, Pirineos, Burgos, Soria, La Rioja, Zaragoza y en Barcelona
en menor medida. 

– La terra fusca: aparece sobre calizas duras y en zonas montañosas. Su principal dedicación
es la forestal. Se caraqcteriza por ser fácilmente erosionable y por presentar un horizonte
A muy estrecho. Su principal dedicación es la explotación forestal. Se desarrolla de manera
puntual y dispersa en la parte oriental de Asturias, Cantabria y País Vasco.
 Los suelos de clima mediterráneo: Se encuentran muy alterados por la erosión y por la acción
humana.
El tipo de suelo desarrollado, en este dominio climático, sobre roquedo silíceo, es la tierra
parda meridional. Es la variedad árida de las tierras pardas oceánicas. Su horizonte A es
pobre en humus, como corresponde a un nivel bajo de precipitaciones. Presenta una
estructura de material suelto, fácilmente erosionable. Es un suelo pobre por su acidez y se
dedica fundamentalmente al pastoreo. Se desarrolla en el oeste de la Meseta y de Andalucía.
Los suelos que se desarrollan sobre roquedo calizo son los dominantes en esta área climática;
cuentan con un horizonte arcilloso que resulta de la lenta disolución de la caliza y son de color
rojizo debido a la oxidación del hierro. Su fertilidad es diversa. Los tipos principales son:
– El suelo rojo mediterráneo: rico en nutrientes, es excelente para todo tipo de cultivos.
– La terra rossa: se desarrolla sobre calizas duras, tiene un horizonte arcilloso reposando
directamente sobre la roca madre, por lo que son frecuentes los afloramientos rocosos
que dificultan la mecanización. Sobre él dominan los matorrales o bosques adehesados y
cultivos arbóreos, como el almendro o el olivo.
Sobre arcillas y margas surgen los vertisuelos o tierras negras, formados por arcillas
expansivas, que se contraen cuando se secan y se hinchan cuando se humedecen. Durante el
verano, al contraerse, se abren grietas, que se rellenan con materiales de la superficie. En la
época húmeda, cuando la arcilla se hincha, los materiales que rellenan las grietas actúan
como cuñas y provocan tensiones internas que ocasionan el volteo o removido del suelo.
Debido a ello, estos suelos se reneven cosntantemente y son los más fértiles de España,
usados para todo tipo de cultivos, salvo los arborescentes. Son caractrísticos del valle del
Guadalquivir, de la tierra de Barros (Badajoz) y de la cuenca de Pamplona/Iruña.
En las áreas mediterráneas de clima subdesértico, como el valle medio del Ebro y el sureste
peninsular, predomina el suelo gris subdesértico o serosem. Es de color gris claro, está casi
siempre seco y es rico en caliza y pobre en humus, pues la vegetación que soporta es escasa y
abierta, dejando grandes espacios sin cubrir. Su aprovechamiento en secano es prácticamente
nulo, mientras que en regadío es bastante fértil, aunque se saliniza debido a la acusada
evaporación de las zonas donde se encuentra.

b) Los suelos intrazonales y azonales
Los suelos intrazonales y azonales pueden encontrarse en cualquier dominio climático, al
depender de factores distintos del clima, como el roquedo o la topografía.
 Los suelos intrazonales tiene un perfil bien definido, que contrasta con el del suelo del
entorno debido a la influencia de factores locales distintos del clima. En España los más
habituales son:
– Los suelos pardo calizos y rendzinas sobre calizas con abundante contenido en carbonato
cálcico; permiten el desarrollo de cultivos leñosos, cereales y leguminosas, y también
huertas si se riegan
– Los suelos aluviales se desarrollan en las oríllas de los ríos. Son aptos para los cultivos de
huerta.
– Los suelos encharcados: se localizan en zonas endorreicas; son suelos pobres en
nutrientes, aunque sobre algunos se cultiva fresas.

– Los suelos salinos de las marismas y de las zonas donde la elevada evaporación hace
precipitar las sales contenidas en el agua; solo se pueden poner en cultivo si se neutraliza
la sal con grandes cantidades de sal.
– Los suelos volcánicos, son en gran parte improductivos, especialmente los basálticos,
aunque pueden cultivarse cereales en las cenizas volcánicas.
 Los suelos azonales no tienen un perfil bien definido, por ser jóvenes, o por estar situados en
pendientes demasiado pronunciadas. 

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