Pesca desembarcada

1. Significado de la pesca en España
España, cuenta con una larga tradición pesquera dada la elevada extensión
de sus costas. Su Caladero Nacional se extiende desde la costa hasta las 200
millas náuticas, llamadas Zona Económica Exclusiva (ZEE). España tiene un
amplio perímetro costero cuyo litoral se parte entre mares diferentes. En
conjunto, no puede decirse que presente unas condiciones muy favorables para
la fauna marina, dada la estrecha extensión de la plataforma continental
(donde se desarrolla principalmente la pesca de bajura), lo que ha provocado
problemas de sobrepesca en nuestros caladeros y que tradicionalmente la flota
española haya optado por actuar en caladeros internacionales.
En términos económicos, la actividad pesquera supone 0.19% de la ocupación
y 0.1% del PIB y casi un 15% de la producción de la UE. A pesar de que las
cantidades de buques y tonelaje de pescado van disminuyendo en España, es
una gran potencia mundial por tamaño de la flota. Igualmente, es una fuente de
riquezas considerable en regiones sin otras alternativas de trabajo y por los
empleos indirectos que genera (como por ejemplo, en Galicia). Además, nuestro
país es el cuarto mayor consumidor de pescado del mundo.
Estos datos son indicativos de la importancia de la pesca española, aunque si
los comparamos con los de hace un cuarto de siglo, se aprecia un declive de la
actividad, consecuencia del agotamiento de los caladeros nacionales, de la
nueva situación internacional del mar o del ingreso de España en la UE. Todo
ello configura un marco bien diferente al que existía en la época dorada de la pesca, que correspondíó a los años 1970.
2. Regiones pesqueras en España y principales caladeros
Distinguimos 8 grandes regiones marítimas:
• Noroeste: se extiende por las costas gallegas, destacando puertos como
Ferrol o La Coruña. Por sus capturas y el valor de la pesca, es la regíón
pesquera más importante de España.
• Cantábrica: abarca las costas del Principado de Asturias, Cantabria y el País
Vasco. Por ejemplo, el puerto de Avilés.
• Suratlántica: agrupa las costas atlánticas andaluzas, destacando puertos
como Huelva y Barbate.
• Surmediterránea: abarca las costas entre la Punta de Tarifa y el Cabo de
Gata, destacando puertos como Algeciras o Almería.
• Levantina: se extiende desde el Cabo de Gata al Cabo de la Nao, destacando
puertos como Cartagena y Alicante.
• Tramontana: abarca desde el Cabo de la Nao hasta la frontera francesa,
destacando puertos como Valencia o Barcelona.
• Balear: abarca las islas Baleares. Un ejemplo, es el puerto de Ibiza.
• Canaria: incluye las Islas Canarias, con importantes puertos como San
Sebastián de la Gomera.
Entre los caladeros en los que se realiza la pesca, podemos distinguir los
siguientes:
• Caladero nacional: se corresponde con la plataforma continental. Como
dijimos al inicio del tema, es muy estrecha y ofrece pocos recursos, lo que ha
llevado a la sobreexplotación y contaminación en muchos casos. Para
recuperarlos, se lleva a cabo una política de recuperación integral de los
recursos. Destacan los del Oceánico Atlántico frente a los del Mediterráneo,
ya que en el primero las condiciones para el desarrollo del pescado y de la
pesca son mejores y en el segundo la sobrepesca ha sido más intensa a lo largo
de la historia al tratarse de un mar cerrado de aguas tranquilas.
• Caladeros comunitarios: Dentro del área de pesca exclusiva de cada país
(hasta 12 millas), sometidos a una legislación que asegura la sostenibilidad. La
Uníón Europea, los reparte entre sus miembros en función a la capacidad de
pesca de cada país. Principalmente nos referimos a los del Atlántico Noreste,
que se han visto limitados por el establecimiento de las cuotas de pesca
asociadas a la Política Pesquera Común (PPC). La PPC, por tanto, toma medidas
encaminadas a garantizar el abastecimiento seguro de pescado, una pesca
sostenible y a contribuir al desarrollo territorial de las regiones pesqueras.
• Caladeros internacionales: El establecimiento de las Zonas Económicas
Exclusivas (entre la costa y cada país y las 200 millas náuticas) ha obligado a la
firma de acuerdos pesqueros con terceros países, como el establecido con
Marruecos, y a la creación de empresas mixtas. Algunos de estos caladeros
son: el Atlántico Noroccidental, en aguas de Canadá; el Atlántico Centro
Oriental, en aguas principalmente de Marruecos, Mauritania y el Golfo de
Guinea y el Oceánico Índico Oriental, en este caso con el problema de los
piratas somalíes. Cuentan con restricciones de pesca impuestas por
organizaciones regionales de pesca, de obligatorio cumplimiento. La mayoría
son buques congeladores y las especies que capturan viven en las
profundidades (merluza, etc).

3. La importancia creciente de la acuicultura
La acuicultura es la cría de especies vegetales y animales acuáticos
destinados directa o indirectamente a la alimentación humana. La mayoría son
especies marinas, aunque también se practica con especies de agua dulce. Dado
los problemas de sobreexplotación que presentan los mares y oceános del
mundo, la acuicultura es un medio para compensar el descenso necesario de
capturas pesqueras y seguir manteniendo el nivel de consumo. La producción en
nuestro país obtiene un valor de 526,2 millones de euros y da empleo a 18805
personas (en 2014).
Los condicionantes en nuestro país para esta actividad pueden ser naturales
o humanos. Dentro de los primeros, en general, encontramos factores
favorables (costas largas y diversas, numerosos ríos), lo que permite variedad
de especies y calidad de las mismas. Con respecto a los humanos, la población
dedicada al sector es escasa, aunque con alta representación femenina. Está
profundamente influenciada por la estricta normativa de la UE y de las
comunidades autónomas. Las especies cultivadas son esencialmente moluscos
(mejillones y almejas) y peces, destacando la dorada y la lubina. Los peces
suponen casi el 70% del valor de la producción, aunque el volumen total de los
crustáceos supone más del 80% del tonelaje.
No obstante, la acuicultura presenta diversos problemas y cuestiona la
sostenibilidad de la explotación pesquera:
• Elevados costes de instalación y de producción (piensos). Además, los
peces criados en cautividad se alimentan con piensos compuestos por harina y
aceite de pescado, que se destinan al engorde de especies carnívoras como el
salmón, el atún o la dorada. Por tanto, para producir esos piensos, previamente
hay que pescar muchas especies de escaso valor de mercado, como sardinas o
boquerones (que no interesa criar porque su beneficio no compensa los gastos
de producción), para transformarlos en alimento para especies de alto valor
económico que si se crían para su posterior venta.
• En criaderos intensivos, la elevada concentración de peces facilita la
propagación de enfermedades. Para prevenirlas y tratarlas se proporciona a los
animales antibióticos, que provocan la aparición de patógenos resistentes, con
un impacto importante en el ecosistema, y exigen mayores medidas para
garantizar la seguridad alimentaria de los consumidores.
• De las piscifactorías escapan desechos orgánicos (piensos no ingeridos,
excrementos de peces…) y aguas tóxicas que contaminan el ecosistema más
próximo, cuya alteración puede manifestarse en la concentración de algas.
Frente a estos problemas, la nueva PPC concede ayudas para mejorar las
infraestructuras, investigar en nuevas variedades…

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