El significado especial de los cascos históricos en las ciudades de Castilla y León
Las ciudades de Castilla y León —tanto las grandes como los pequeños centros de servicios comarcales— poseen un muy rico y variado patrimonio urbano en cuanto a los centros históricos, con la presencia de un abundante legado monumental (catedrales, casas señoriales, murallas, …). Las causas de la existencia de esta riqueza y variedad hay que buscarlas en el importante papel ejercido por Castilla y León durante la Edad Media y los primeros momentos de la Edad Moderna; las de su pervivencia y conservación, en el escaso dinamismo económico y demográfico de nuestras ciudades durante el desarrollismo de los años sesenta y setenta.
Por esta misma razón, la destrucción del patrimonio fue mayor en Valladolid; en cambio, en ciudades que experimentaron un menor desarrollo económico, como Salamanca, Segovia o Ávila, fue poco significativa.
Ahora bien, este patrimonio adolece de una serie de problemas. Dada su inmensa riqueza y el escaso dinamismo económico regional, muchos de nuestros edificios u obras artísticas padecen un gran deterioro y, una vez rehabilitados, no siempre es fácil su conservación, porque apenas tienen uso. Se impone, pues, un plan de conservación que integre los monumentos arquitectónicos y artísticos dentro de un proyecto superior que vincule varios monumentos y que asuma también la dimensión económica de su explotación para hacer viable a la larga su conservación.
De todos modos, dentro de Castilla y León, las ciudades de Salamanca, Segovia y Ávila son Patrimonio de la Humanidad, y además existen 88 Conjuntos Históricos o Histórico-artísticos que contribuyen a dotar a nuestra región de un gran atractivo para el turismo cultural. El desarrollo de este turismo no es solo una fuente de riqueza regional, sino que ha servido también para impulsar actuaciones de conservación de los centros históricos, acondicionando muchos edificios rehabilitados para instalaciones hoteleras y de restauración. No obstante, este proceso conduce a la transformación de muchas de estas ciudades en auténticos «Parques Temáticos Históricos», favorecidos por su cercanía a Madrid (Segovia, por ejemplo), a cuyos habitantes sirven de espacio de visita obligada y de esparcimiento.
2.2. La zona de transición: el ensanche burgués y los suburbios obreros
En torno al Casco Histórico se extiende una zona heterogénea que presenta una gran complejidad morfológica, funcional y social. Esta zona corresponde a las áreas surgidas a lo largo del siglo XIX y la primera mitad del XX: los ensanches burgueses y —en el extrarradio— los barrios obreros, los barrios de ciudad-jardín y las áreas industriales. Por su cercanía a las áreas centrales, esta primera periferia está hoy integrada en la ciudad, lo que se manifiesta en su revalorización y en las transformaciones que se están produciendo.
2.2.1. El ensanche burgués
Los ensanches surgen desde mediados del siglo XIX como intento de respuesta al crecimiento de las ciudades de acuerdo con los valores e intereses de la burguesía: orden, higiene, obtención de beneficios económicos.
- Morfología: se caracterizan por su trazado regular —con preferencia por el plano ortogonal, aunque también hay algunos planos radiales—, de fácil accesibilidad (calles amplias y rectas) y gran calidad ambiental, con amplios espacios verdes y manzanas de grandes proporciones en torno a un gran patio central, con edificios lujosos que incorporan los nuevos materiales adoptados por la industria: hierro y cristal.
- Uso del suelo: en un primer momento fue predominantemente residencial. Los altos precios de los inmuebles hicieron que el ensanche fuera ocupado principalmente por la burguesía, que se instaló en los sectores más próximos y mejor comunicados con el centro histórico. Las clases medias ocuparon las áreas más distantes del ensanche y en viviendas de inferior calidad.
- Ejemplos: los primeros ensanches se realizaron en las ciudades más dinámicas: Barcelona (Plan Cerdà, 1859) y Madrid. A finales del siglo XIX y comienzos del XX se extiende el modelo por otras ciudades españolas: Bilbao, San Sebastián, Valencia…
- Transformaciones posteriores: con el paso del tiempo, y especialmente en los años sesenta y setenta, los ensanches experimentan modificaciones similares a las de los cascos históricos: la trama se densifica y se producen operaciones de sustitución de los edificios por otros nuevos («renovación»); se intensifican las funciones terciarias, que se extienden desde el centro histórico a sus calles principales, sustituyéndose las viviendas por comercios y oficinas. Estas áreas también experimentan un intenso proceso de envejecimiento de su población, aunque menos acentuado que el de los cascos históricos.
2.2.2. Integración y revalorización de los antiguos suburbios obreros
Los antiguos suburbios obreros surgieron —de forma paralela a los ensanches burgueses— como una solución al problema de la vivienda para las clases populares. Estas encontraron acogida —además de en las zonas más deterioradas del casco histórico— en barrios de nueva creación situados fuera de los límites urbanos, a lo largo de caminos y carreteras o junto a las industrias y estaciones de ferrocarril.
