Casco Histórico: evolución urbana, problemas ambientales y rehabilitación integrada

El Casco Histórico (la ciudad heredada)

El Casco Histórico (la ciudad heredada)

El Casco Histórico corresponde con lo que fue la ciudad preindustrial anterior a los cambios del siglo XIX, y conserva en su morfología huellas de este pasado: el plano irregular de calles estrechas, la trama cerrada, el legado monumental…

Aunque hoy representan solo una parte pequeña del espacio urbanizado, tienen un gran valor simbólico (es la imagen de la ciudad de cara al exterior, al conservar un gran número de monumentos del pasado) y valor funcional, al concentrar gran parte de las actividades administrativas, de negocios y comercio.

Siglo XIX y primera mitad del XX

En el siglo XIX y la primera mitad del XX, con los inicios de la industrialización, estos cascos antiguos tuvieron que adaptarse a las nuevas necesidades del crecimiento urbano, originándose diferencias entre la zona de rango del casco antiguo donde se ubican los edificios importantes y las viviendas de las clases sociales pudientes, y el resto que fue sufriendo un progresivo deterioro:

  • El espacio urbano destinado a residencia de la burguesía vive un proceso de reforma interior, rompiendo la trama viaria antigua con la creación de nuevas calles y plazas (las «grandes vías») y sustituyendo el viejo caserío por viviendas más cómodas y modernas.
  • Otra parte del casco histórico sufre un progresivo declive o decadencia física, instalándose en ella una proporción creciente de obreros de escasa capacidad adquisitiva —cada vez más hacinados—.

Renovación en la época del desarrollismo

En los años del desarrollismo se va a llevar a cabo una renovación del casco histórico, que se concentró en las zonas de mayor accesibilidad. Esta renovación supuso:

  • La sustitución de la trama urbana antigua, modificando el trazado de algunas calles y la edificación de inmuebles nuevos, con aumento de densidad de edificación e incremento de altura («verticalización») y volumen, y con una morfología que no guardaba relación con la tradicional de la zona. Estos procesos provocan importantes daños al patrimonio histórico-artístico.
  • La terciarización del casco histórico, concentrando las actividades que necesitaban accesibilidad y que podían rentabilizar el alto precio del suelo (bancos, sedes empresariales, instituciones públicas, despachos y estudios de profesionales, comercios especializados, hoteles, cines…). En las grandes ciudades este centro comercial y de negocios (C.B.D. – Central Business District -) se ha ido desplazando hacia el ensanche o hacia las grandes avenidas externas al casco histórico; en las demás se mantiene la identificación entre casco antiguo y centro comercial. Ello supuso el consiguiente desplazamiento de los usos residenciales y el vaciamiento y envejecimiento demográfico de los centros urbanos.

Problemas medioambientales y sociales

Estas transformaciones determinaron la aparición de problemas medioambientales y sociales en el casco antiguo. El abandono de los usos residenciales favorece la intensificación de los movimientos residencia-trabajo, con la saturación del tráfico en las horas punta y en los horarios comerciales (al confluir en el centro las redes de transporte urbano, los empleados de los negocios y el público en general), así como problemas de aparcamiento y congestión en las calles, aumento de la contaminación y del ruido, y deterioro en los edificios. Al tiempo, la escasa presencia de residentes se traduce en la falta de vida vecinal: la calle y la plaza dejan de ser lugar de relación para convertirse en lugar de tránsito.

Asimismo persisten y se acentúan los problemas de segregación social del espacio iniciados en el periodo anterior. Una de las características de los cascos históricos es el contraste existente entre zonas de gran calidad para grupos sociales acomodados y otras de baja calidad ocupadas por ancianos y población marginada.

Rehabilitación integrada desde los años ochenta

Por ello, desde los años ochenta, con la llegada de la democracia a los ayuntamientos y los cambios de la sociedad postindustrial, se desarrollan políticas de rehabilitación integrada del casco antiguo, con el objetivo de combatir y paliar las consecuencias de las operaciones de renovación de las décadas anteriores. Su objetivo es la conservación, recuperación y revitalización del patrimonio urbano, al tiempo que aspiran a mantener la población existente, promover la mezcla social y facilitar variedad funcional en los espacios centrales.

Sin embargo —y exceptuando algunos ejemplos destacados como Vitoria—, la política de rehabilitación de los cascos históricos se ha centrado en intervenciones de carácter arquitectónico (fachadismo, alterando absolutamente el interior de las viviendas) e infraestructural (peatonalización de las calles, recuperación de espacios para uso público: plazas, museos, centros culturales, centros cívicos…), expulsando a los antiguos residentes —sustituidos por grupos de mayor renta («gentrificación»)— y las actividades anteriores, con lo que la rehabilitación se ha convertido en una nueva vía de especulación inmobiliaria y segregación social.

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