Etapas del proceso de industrialización español
Este proceso se divide en cuatro grandes etapas:
1. Los inicios (siglo XIX – 1959)
Los inicios se caracterizan por el retraso con respecto al resto de Europa occidental. Sus causas son:
- Baja densidad de población con escaso poder adquisitivo.
- Escaso capital disponible, que se invertía en otros sectores.
- Exportación de minerales a otros países en vez de transformarlos en España.
- Mala dotación de materias primas y productos energéticos, como el carbón.
En esta etapa se confirma el carácter subsidiario de la empresa española. El sector despegó sobre todo entre 1900 y 1930, aumentando su aportación al PIB y a la población activa. Sus causas fueron la neutralidad de España en la Primera Guerra Mundial (que favoreció las exportaciones), el impulso de las obras públicas y la política proteccionista.
La Guerra Civil acaba con esta etapa de crecimiento, dando paso a la autarquía (1940-1956), una política intervencionista. En esta etapa se funda el INI (Instituto Nacional de Industria), cuyo objetivo era incrementar la producción industrial lo más rápido posible. Sus industrias estaban especializadas en sectores estratégicos (carbón, electricidad, petróleo…), financiadas íntegramente por el Estado. El modelo territorial se caracterizó por un conjunto de núcleos desconectados (Cataluña, Madrid, País Vasco, Valencia, Andalucía y Asturias). La autarquía terminó en 1959 gracias al inicio de negociaciones con EE. UU. y a la recuperación económica.
2. La consolidación: el desarrollismo (1959-1975)
A partir de 1959 despega la economía y se consolida la industria. Lo más destacado fue el Plan de Estabilización (decreto ley de 1959), que sentó las bases para el desarrollo económico y la integración de España en Europa.
Medidas adoptadas:
- Económicas: Devaluación de la peseta, liberalización de las importaciones, congelación de salarios y reforma tributaria.
- Territoriales: Creación de Polos de Desarrollo y Promoción Industrial en zonas atrasadas con incentivos fiscales, y polígonos de descongestión industrial para las grandes áreas.
Aunque los resultados no fueron los esperados (las industrias se concentraron donde ya había tejido industrial), el plan supuso un crecimiento importante, convirtiendo a España en un país industrial.
3. Crisis económica y reconversión industrial
España sufrió una crisis industrial debido a factores externos e internos:
- Factores externos: Relacionados con la tercera revolución industrial. El modelo fordismo entró en crisis y fue sustituido por un modelo basado en la microelectrónica, informática, ahorro energético, productos flexibles y un mercado global.
- Factores internos: La muerte de Franco generó incertidumbre política, paralizando inversiones. Además, se arrastraban problemas como la especialización en sectores maduros, baja productividad, escaso esfuerzo innovador y endeudamiento empresarial.
En 1984 se inició la reconversión industrial, un conjunto de medidas de reestructuración con intervención pública (subvenciones y créditos) para los sectores maduros. La consecuencia inmediata fue la desindustrialización de la Cornisa Cantábrica. Para paliarlo, se crearon las Zonas de Urgente Reindustrialización (ZUR) en Galicia, Asturias, País Vasco, Andalucía, Cataluña y Madrid.
4. Historia reciente y globalización
La consecuencia de la crisis fue una descentralización de la industria. Las consecuencias espaciales se dividen en la desindustrialización de áreas centrales y la mayor capacidad de atracción de espacios periféricos.
La entrada en la CEE (hoy UE)
La integración en la CEE obligó a una segunda reconversión industrial (1991-1997). Las directrices fueron: invertir en modernización tecnológica, liberalizar el mercado, apoyar a las PYMES y aumentar la investigación. A partir de 1985, el INI modificó sus funciones, definiendo una política industrial global y abandonando los subsidios.
Globalización e industria
La mundialización ha provocado una gran concentración empresarial y la deslocalización industrial. Existe una nueva división del trabajo: los países periféricos ofrecen mano de obra barata, mientras que los centrales aportan capital, investigación e innovación. España se considera un país semiperiférico, cuyo sistema de innovación (I+D+i) presenta todavía grandes debilidades.
